La disputa es solo una parte de la historia
La mayoría de las personas que entran en un conflicto creen saber cuál es el problema. Discuten sobre dinero, hijos, una herencia, una empresa, una vivienda, responsabilidades parentales o una decisión concreta. Cuanto más dura el conflicto, más convencidas están de que resolver esa diferencia puntual lo resolverá todo.
Sin embargo, tras miles de horas trabajando con parejas, familias y socios empresariales en crisis difíciles, he comprobado repetidamente que la disputa visible rara vez explica toda la historia. Bajo las discusiones sobre dinero, bienes, hijos o autoridad hay una realidad humana más profunda: miedos, esperanzas, decepciones, valores, necesidades, sueños y distintas maneras de comprender el mundo.
Nueva Alianza nació de reconocer el conflicto como una experiencia humana, además de sus dimensiones jurídicas. Las personas sufren por cómo viven la realidad, por la distancia entre lo que esperaban y lo que ocurrió, y por la dificultad de avanzar cuando cambian sus circunstancias. Un encuadre exclusivamente jurídico pregunta quién tiene razón. La mirada humana pregunta qué debe suceder para construir un futuro mejor. Ese es el núcleo del método.
¿Qué significa una nueva alianza?
La palabra «alianza» puede sorprender. Muchas personas acuden a mediación precisamente porque su relación se ha roto: cónyuges que quieren divorciarse, socios que desean separarse, hermanos que apenas se hablan o hijos adultos enfrentados a sus padres. Es en estas situaciones donde se aprecia por qué sigue siendo relevante cierta colaboración.
Una pareja puede dejar de ser pareja y seguir criando a sus hijos. Los hermanos que resuelven una herencia siguen perteneciendo a la misma familia. Quienes disuelven una empresa pueden continuar vinculados por clientes, empleados, obligaciones o relaciones sociales. El final de una forma de relación no borra necesariamente todos los vínculos humanos creados en ella.
Nueva Alianza busca construir la relación adecuada para el futuro. Puede ser una colaboración parental, una relación familiar, un nuevo acuerdo empresarial o un vínculo mínimo que permita continuar la vida sin una guerra permanente. El propósito es crear una relación ajustada a la nueva realidad.
¿Por qué se atascan los conflictos?
Durante una crisis, casi toda la atención puede dirigirse al pasado: quién empezó, quién hizo daño, quién fue responsable, incumplió una obligación, mintió, rompió una promesa o causó un perjuicio. A veces parece que todo se resolvería si la otra persona reconociera su culpa.
El pasado no puede cambiarse. Podemos analizarlo, discutirlo, interpretarlo de muchas formas y regresar a él una y otra vez. Cuando consume toda nuestra energía, apenas queda energía para construir el futuro.
Nueva Alianza mira hacia adelante. Junto a «¿qué ocurrió?», pregunta «¿qué tiene que ocurrir?». Explora qué sería adecuado para las personas implicadas y busca posibilidades más allá de atribuir culpas. La pregunta central es: ¿qué intentamos construir a partir de ahora?
Al describir cómo les gustaría vivir dentro de uno, cinco o diez años, las personas pueden descubrir más objetivos compartidos de los que imaginaban. Los padres desean que sus hijos crezcan bien. Los hermanos pueden querer conservar la familia. Los socios valoran la estabilidad, la reputación y la continuidad. Muchas parejas desean separarse con dignidad y seguir adelante.
Los objetivos comunes son un punto de partida del proceso. Las necesidades y los límites personales se exploran dentro de esa base compartida. Centrar la conversación en el futuro abre posibilidades que resultaban difíciles de ver mientras todo giraba alrededor del pasado.
Encrucijadas y mundos: comprender a la persona detrás de la postura
Uno de los modelos centrales es «Encrucijadas y mundos». Cada persona vive en un mundo formado por recuerdos, experiencias, valores, creencias, miedos, esperanzas e interpretaciones desarrolladas a lo largo de su vida. Dos personas pueden vivir exactamente el mismo acontecimiento y contar historias completamente diferentes.
En un conflicto, cada una suele creer que ve la realidad tal como es. Los hechos, el razonamiento y las conclusiones parecen evidentes. Si la otra discrepa, puede parecer ciega, obstinada o deshonesta. Pero una disputa también puede surgir del encuentro entre mundos interiores distintos.
Una persona interpreta el silencio como rechazo y otra lo entiende como consideración. Una ve una petición como desconfianza y otra como responsabilidad. Una se siente tratada injustamente y quien está enfrente siente lo mismo.
Comprender el mundo del otro no exige darle la razón, renunciar a necesidades ni abandonar límites. Permite ver a la persona detrás de su postura. Ese momento puede convertirse en un punto de inflexión importante en la mediación.
Proteger a los hijos de la lucha
Cuando hay niños, la responsabilidad de los adultos es especialmente grande. Los hijos no eligen ni crean el conflicto de los mayores y no deberían pagar su precio. Sin embargo, pueden ser quienes más sufran sus consecuencias.
En Nueva Alianza, los hijos no participan en la batalla de los adultos. No son moneda de cambio, instrumentos de presión, mensajeros ni jueces. No deben tener que elegir entre sus padres ni cargar con el dolor, la ira o la decepción de los mayores.
Por eso, la pregunta supera cómo distribuir el tiempo de convivencia o redactar un acuerdo: ¿qué colaboración parental quieren construir? Aunque termine la relación de pareja, la crianza compartida continúa y suele adoptar una nueva forma. Construir una colaboración estable, respetuosa y viable es una inversión importante en la vida de los hijos.
Más allá del acuerdo: construir una nueva realidad
Muchas personas llegan a mediación con el deseo de alcanzar un acuerdo. Es comprensible: aporta claridad, un marco de actuación y la posibilidad de avanzar. Sin embargo, según mi experiencia, solo representa una parte de la situación.
Se puede firmar y seguir luchando durante años. Un documento detallado puede coexistir con la hostilidad. Se pueden ganar todas las discusiones y perder lo más importante.
El método busca una realidad en la que las personas sepan tomar decisiones, abordar diferencias futuras, comunicarse mejor y gestionar los vínculos que permanecen después de la disputa actual.
El acuerdo es un resultado. La nueva alianza es el objetivo.
Del conflicto a la creación
Nueva Alianza va más allá de una técnica de negociación o un modelo de resolución de conflictos. Expresa una manera de entender a las personas y sus relaciones: incluso con dolor intenso, confianza dañada y un futuro incierto puede existir otro camino.
El conflicto puede verse como una encrucijada que exige elegir. Podemos atender a lo que aún se puede construir, reconociendo también lo perdido. Es posible crear un futuro aunque el pasado siga formando parte de la historia.
Esto requiere valentía, paciencia y disposición a mirar más allá de la lucha inmediata. Puede ayudar a dejar de gastar toda la energía en lo ocurrido y empezar a construir lo que todavía puede ser posible.
De ahí el nombre Nueva Alianza. Después de una crisis, separación o disputa se puede explorar una forma nueva de vivir, criar, trabajar y decidir conjuntamente. La relación resultante puede ser muy distinta de la anterior. Construida con cuidado, puede ser más estable, respetuosa y útil.
Sobre el autor
Nadav Nishri es mediador y creador del método Nueva Alianza. Cuenta con una licenciatura en Derecho y un máster en resolución de conflictos, acompaña a parejas, familias y socios empresariales y forma mediadores. Es autor de Divorciarse en paz, Nueva Alianza y La mediación como arte marcial.